EN DEFENSA (¿LA NECESITA?) DEL LIBRO DIECISEISAVO CORTE

 

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EN DEFENSA (¿LA NECESITA?) DEL LIBRO

DIECISEISAVO CORTE

Navaja de Fernando Curiel

 

  1. En términos energéticos, el libro no requiere ni de electricidad ni de baterías ni de turbosina. La suya es la autosuficiencia de vuelo.

 

  1. Salvo el límite del idioma (de fácil resolución), su movilidad es absoluta. Recorre continentes, transita siglos.

 

  1. Finca genealogías casi eternas. Del lector español, en el siglo XVII, de El Quijote, a la lectora mexicana de El Quijote, podría dar su nombre, en este 2015 al pairo.

 

  1. Salvo Progrom y su inhumana hoguera, el libro subsiste a cualquier tipo de control: curas y amas, censura o de plano prohibición –no sólo en reductos gubernamentales–, mal gusto editorial, críticos ignaros, lectores resentidos, desinterés oficial, guerrillas de facciones culturales, burocracia promotora de la lectura, etcétera.

 

  1. Red Social desde antes de la invención del Internet.

 

  1. Excepción hecha de los proverbios, el libro constituye la forma más económica de sabiduría. Nunca diga no a un Remate o a un “Rebusque”.

 

  1. Su docilidad es absoluta. Puede estar de pie, de canto, acostado, en el suelo, en una maleta, en un bolsillo, a la intemperie; solitario o en compañía, a la intemperie o enjaulado en un aparador. Todo lo atestigua. Sin rebozo, el mejor amigo del hombre, por encima del perro.

 

  1. Son más sus buenos que sus malos ratos.

 

  1. El libro vale más (si lo vale) de lo que pesa.

 

  1. De malos libros está empedrado el Mercado.

 

  1. De la mayor trascendencia su fisonomía, dimensión, talla, género, papel, grafía y tiro.

 

  1. Un editor de raza, garbanzo de a libra.

 

  1. Los libros, sí, fraguan familias y generaciones.

 

  1. No nos imaginamos, ni remotamente, lo que un libro carga en su lomo.

 

  1. Lo que uno pierde, al fenecer, no es el alma sino su biblioteca.

 

  1. No porque lo descamises el libro se te entrega.

 

  1. Cuando abres el libro, éste ya todo lo pensó, sitió, sintió, imaginó, pulsó, deseó. Por eso (y no al revés) te acompaña sin chistar.

 

  1. El diálogo de los libros, oh Julio Torri, produce un delicioso rumor de hojas secas.

 

  1. Libro que no has de leer, déjalo en buenas manos.

 

  1. Los libros de Superación Personal te hunden tarde o temprano.

 

  1. Andrés Henestrosa, muerto aquí pero inmortal allá, propuso un libro todavía no escrito: Las mañanas de Sanborn’s —se refiere al de Los Azulejos.

 

  1. La República de las Letras no requiere, a los Dioses gracias, ni de votos no de partidos políticos. Devotos, sí.

 

  1. A buen lector, pocos títulos.

 

  1. En las salas de redacción se operan textos.

 

  1. Religión fanática, en sus tiempos, Las Prosas profanas de Rubén Darío.

 

  1. Para quien lo sabe, el texto discurre asimismo en las márgenes.

 

  1. No leas para mañana lo que puedas leer hoy.

 

  1. ¿Qué leen, cuando no intrigan, los Dioses?

 

  1. Decía Martín Luis Guzmán, sabio como siempre, que Madero disparó la Revolución con un libro.

 

  1. Libros hay que se avergüenzan de sus lectores.

 

  1. En la Edad Media los libros se encadenaban. Qué novedad.

 

  1. De las familias tipográficas será el Reino de los Cielos.

 

  1. ¡Si los libros hablaran!
  2. Aunque en ruinas, la Librería de Alejandría cuenta con sucursales en todo el mundo.

 

  1. Las vueltas del tiempo se marcan en los libros.

 

  1. Los libros electrónicos añoran la fluida fijeza de la página.

 

  1. Naturalmente que los libros malos se van al infierno.

 

  1. Hagamos, de las ciudades, libros. Leámoslas los sentidos alertas. Redimensionémoslas en escala humana. Rescatémoslas. Fijémosles, filólogos urbanos, su traza original. Heredémoslas legibles.

 

  1. La ocasión hace al lector.

 

  1. Aunque corre de adelante hacia atrás, todo libro que lo vale es de doble sentido. Y hasta alburero.

 

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