RADIO UNIVERSIDAD, NACIDA UTOPÍA

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RADIO UNIVERSIDAD, NACIDA UTOPÍA

Fernando Curiel

14 de junio de 1937. En Guerra Civil, España; en preparativos de guerra Alemania, salientes ya los filos del trance (de alucinación hablamos) nazi: nacionalismo racial carnicero, antisemitismo, tiempo Milenario. En México, en pleno, el cardenismo, vuelta al “mood” revolucionario (popular, agrario, obrero, folklórico, con lo suyo de corporativismo italiano). Al año siguiente, 1938, se expropia el petróleo (hoy por hoy botín al mejor postor, que no es ni de chiste PEMEX).

Se inaugura, instalada en el Barrio Universitario (el originario, el del Primer Cuadro de la Ciudad de México), Radio Universidad. Fundación prevista, al igual que la revista y la filarmónica, por el primer reglamento (en América Latina) de Extensión Universitaria. Obra del equipo de jóvenes vasconcelistas que en 1929 perdieron la Presidencia de la República pero ganaron la Autonomía de la Universidad Nacional de México.

Con motivo del aniversario 79, Radio Universidad se dio a la tarea de grabar voces de ex directores y figuras emblemáticas. Se me antoja ofrecer mi testimonio.

En los inocentes 60’s (casi toda la década), mientras estudiaba Derecho (UNAM) y Arte Dramático (INBA), mi educación extra-curricular descansó en cuatro columnas que descubrí, unas por orientación de Héctor Mendoza, otras por mera intuición.

Hablo de colecciones beneméritas como la Biblioteca del Estudiante Universitario, Poemas y Ensayos, Nuestros Clásicos y la Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana; la Revista de la Universidad (la de García Terrés y, casi en pleno, las generaciones de Medio Siglo y de Difusión Cultural); la hebdomadaria Casa del Lago, en Chapultepec; y Radio Universidad. ¿Privilegio? Privilegio sin lugar a dudas. Con casi todas estas columnas me vería ligado a partir de la década siguiente.

En Radio Universidad, como “productor”, arranqué con dos emisiones: “Crónicas y documentos” (vena ya de las fuentes históricas impresas que perduraría, que influiría en la co-invención, con Hugo Gutiérrez Vega, de “Material de lectura”). E “Imagen y sociedad” (crítica no sólo televisiva sino, cuando no existían para la academia, del comic ¡y de la fotonovela!, espejo mexicano).

De esta buena suerte conocí a mis maestros radiofónicos, Carlos Illescas, Raúl López Malo, Sánchez Alvarado, los músicos Gutiérrez Heras, Velázquez, Zayas (a Rocío

Sanz la conocía desde mis tiempos teatrales en el grupo de Mendoza). Más locutores legendarios (esa voz de Pilar Orraca). Más el no siempre reconocido personal técnico.

Cuando tomé posesión del Departamento, en 1973, comenté al Director General de Difusión Cultural (todavía en el Piso diez de la Torre de Rectoría), el joven Diego Valadés, que me encomendaba una estación clandestina. Tal era el estado de los equipos de estudios, cabina, transmisión. Habían pasado el 68 y el 71. En la estación habían vacacionado “Los Enfermos” de Sinaloa.

Con el apoyo interno —el institucional no menos comprometido— de mis maestros radiofónicos, productores excepcionales (Alaíde Foppa, Elena Urrutia, Ricardo Guerra, Xirau, Rossi, Salvador Elizondo, Tomás Mojarro, la indómita Pita Amor, a guisa de ejemplo), “recorteros”, incorporación de sangre joven como Luis Lavalle, una audiencia dispuesta a la búsqueda, dimos el salto. Salto dialéctico. Nuevas instalaciones (las actuales, a su vez remozadas), FM Stéreo, separación programática de frecuencias, incursión de lleno en la radionovela, formatos y contenidos, controles remotos. Esplendor. De remate: Red Nacional Universitaria.

¿Crisis que recuerde? No pocas. En Ciudad Universitaria, la necia, tozuda, rencorosa visita del presidente Luis Echeverría; pero cuya transmisión en vivo me precio de haber sostenido contra otros pareceres de “staff”. Ya en la Colonia del Valle, un episodio poco conocido. Acabábanse de inaugurar las nuevas instalaciones en Adolfo Prieto. Gran suceso. El rector Guillermo Soberón ante sus micrófonos. La Ciudad de México se conmocionaba con la construcción de los Ejes Viales.

Baldazo de agua fría. Jorge Fernández Varela, Coordinador de Extensión Universitaria, a la que como Dirección se adscribía la estación, se informa de que el trazo recto del Eje de Xola contemplaba la demolición del edificio universitario. Reacción fulminante. Reunión con el regente, Hank González. Resumo. Metafóricamente, de propia mano, el político, modifica el trazo. Adolfo Prieto 133 se mantendría incólume. Por eso el Eje de Xola, excepción, forma una curva. Así fue.

Alejandro Gómez Arias, su primer Director, a quién tuve la oportunidad de entrevistar numerosas veces (otra ocasión hablaré del auto-retrato a-folklórico de la Khalo que chifló a Madonna, que presidía nuestras charlas), dijo, aquel 14 de junio del 37, que la

estación nacía como promesa. Así nació la Escuela Nacional de Altos Estudios. Así nació la propia Universidad Nacional.

En verdad que los modos radiofónicos (directos, tú a tú, reporteriles, experimentales) marcaron mi escritura. La académica inclusive.

¡Felicidades!

 

Fotos: Octavio Olvera

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