ANÓNIMA CRÓNICA DOCEAVO CORTE

ANÓNIMA CRÓNICA

DOCEAVO CORTE

Navaja de Fernando Curiel

 

¡Malditos, mil veces malditos! ¡Perros! ¡Sabandijas! ¡Engendros de Lucifer! ¿Qué días e sus noches levantaron las murallas filosas de sílice alrededor de México-Tenochtitlán? ¿Cómo redujeron a su Emperador Moctecuzoma a la condición de ignaro e palurdo, frívolo, letrado paria? ¿Con qué artilugios mudaron las señales ominosas, aquel llover cenizas, aquel volar de águilas degolladas, en signos promisorios para la Nación Mexica? ¿Con qué invocaciones adelantaron el regreso de Quetzalcóatl, a quién suplantaríamos? ¿Bajo qué condiciones amansaron odios añejos en Culhuacán e demás sitios de su guerrear, e pactaron alianzas ventajosísimas para todos los Señoríos de la Cuenca? ¿Cuánto pedernal gastaron para incendiar las moles nemorosas de los volcanes Popocatépetl e Iztlazihuatl, paso a la nada? ¿Dirigidos por quién atrincheraron la perfecta calzada  de Ixtapalapa, en la que debieron resonar voces y metales castellanos, hincarse a nuestras plantas, colmarnos de presentes, empezar a rendirnos el imperial palacio, sus ídolos e oro, el secreto de su ciudad esplendente? ¿Con cuántos quintales de madera empavesaron  con canoas e otros bateles copia de los nuestros, flota en pie de guerra, los lagos de Texcoco e Xochimilco e Chalco? ¿Con qué artes nos impusieron un sitio convexo e maléfico: nosotros, dueños del campo, sin bastimento, ni pan de raíces ni tocinos, ellos, cercados, llenándose la tripa de cocoles de agua, de tamales de gusanos, de acociles, de ánades e chichicuilotes, de verduras inagotables? ¿Con qué substancias pudrieron las riberas en las que alzamos nuestras tiendas, aguas negras a las que nos asomamos alucinados? ¿Quiénes robaron el pendón de nuestro capitán Don Hernando Cortés, blanco e azul e colorado? ¿Con qué hechizo anticipan nuestras más recónditas maniobras? ¿Con qué argumentos o yerbas hacen escarnio de Dios Jesuscristo e Santiago equino su cerbero? ¿Cómo nos trujeron a esta desgracia? ¡Mondas aves de rapiña, nosotros, predestinados a reducirlos a legítima servidumbre, encomienda! ¡Nosotros, sucios e malolientes, acuchillándonos por un adarme de suela, otra vez carne de presidio! ¡Nosotros, delirando con muchachas e acequias e chinampas floridas e oro, oro! ¿Cómo, por qué (lamentablemente aquí se interrumpe el texto).

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