EN DEFENSA DE PUERTO VALLARTA

EN DEFENSA DE PUERTO VALLARTA

Fernando Curiel

Para mi hermana Diana

Paraíso. Antes de que el Rey Sol la agarrara con mi piel, Puerto Vallarta se contaba entre mis “destinos de playa” dilectos. Puerto y pueblo, rústico y marítimo, tejas y caracolas. Un Taxco de arenas resplandecientes y Océano Pacífico.

Recorrido que casi siempre hacía por tierra con la promesa, ida y vuelta, de Guadalajara, una de las matas de la familia. Puerto inmune, además, Vallarta, al Todo Incluido que aleja al turista de la vida local (de la realidad se sobreentiende, porque para eso es turista). Te tuestas, libas, yantas y te vas. Apartamiento, confinamiento de grandes desarrollos que autorizan a un visitante de Punta Diamante a preguntar dónde diablos queda Acapulco.

Pues bien: con dineros del gobierno de Jalisco, si entendí bien, que es decir de los jalisquillos, a Puerto Vallarta le acaban de asestar tal golpe bajo, en su propio nombre, que frisa en la difamación.

Hábitos. Fui, y sigo siendo, un cinéfilo de matiné, de preferencia dominical. Lo que caiga. Mi anual asistencia, en los 60’s, a la última función de la Reseña Cinematográfica, en el desaparecido Cine Roble, revestía un doble exotismo. Por la pasarela de la concurrencia dominante, mis colegas intelectuales, y la hora de la función. Para mí desacostumbrada. Con todo y el subsecuente remate en El Perro Andaluz de la Zona Rosa.

Aunque, la verdad, toparte con Luis Buñuel en vivo no tenía chiste para mí. Años fuimos vecinos en la Cerrada de Félix Cuevas, en la Del Valle, la pre-Ejes Viales. A su casa se dirigían, transportados, los del grupo Nuevo Cine, incluido por supuesto Carlitos Fuentes. De su casa salía él, solo o con su mujer, pero siempre con su perro, camino a De Todo en Félix Cuevas. ¡De supermercado el niño terrible del surrealismo!

Golpe bajo. La matiné del domingo 24 de abril del presente año, me hizo pelar tamaños ojos. El adefesio se apela GUATDEFOC. Dirígelo (¿dirígelo?) Fernando Lebrija. Actúanlo (¿actúanlo?) Camille Belle, Teri Hatcher, Sara Paxton y un elenco a cual más de zafio.

Historia, inmejorablemente chafa, de un preparatoriano gringo, aspirante a DJ, enamorado de una condiscípula en trance de spring break.

De la familia de ella, nada sabemos; de la de él, mejor olvidarlo. Con su eterno escudero, sangre pesada, la sigue a ¡Puerto Vallarta! Apoteosis de tragos, tetas, traseros, “revés”, gángsters, trata de blancas y otro colores, el ultra-ultra-ultra típico taxista local, mañas, miadas, guacareadas, vómitos boca a boca, trasvestismo, un reloj Rolex, una mexicana que resulta hija de un gringo que si te vi no te conozco, obligada al tubo y a la prostitución (¡aunque se mantiene virgen!).

Mamarrachada con final feliz en el que los chavos, el gringo y la gringo.mexicana (y virgen) se reencuentran para siempre, él triunfando (ya era hora) como DJ, y ella estudiando para abogada.

¡Recontracórcholis!

¿Y Puerto Vallarta, qué? No que falte, junto a las etílicas, las tomas de playas y paisajes, la coronada catedral, el malecón, la zona hotelera. Lo terrible es que una estúpida historia semejante tenga lugar en el puerto jalisciense, paraíso.

Paraíso perdido, lo más seguro, con estas promociones diseñadas, uno supone, aunque con dineros de los causantes del Estado, por los enemigos declarados de Puerto Vallarta.

Menos mal que en la sala de Cinemex éramos, con mucho, tres.

Estupefactos.

 

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Edificio_El_Roble  httpwww.edemx.comcitymexdemolidosE_Roble.html

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