Crónica 16

Páginas México Canadienses, crónicas de un viaje que se ha vuelto vida.

Crónica 16

Es sábado, despierto a las 6:30 de la mañana, lo que para mí es inusual, estoy muerta de hambre. En la casa reina un silencio agradable, afuera hay sol, el día parece primaveral a pesar de los seis grados que enfrían la atmósfera. Decido hornear un pan de coco y trigo sarraceno cuya receta encontré ayer en una página web dedicada a la dieta para eliminar cándida. Buscar el significado de esta palabra en inglés y en español ha sido una experiencia interesante: en inglés encuentro páginas amigables que invitan a hacer una limpia de parásitos simplemente porque no es bueno tener exceso de mucosidad ocasionada, en general, por el mal hábito de comer demasiada azúcar, lácteos y pan de trigo. En español, sin embargo, me encuentro sólo con páginas médicas donde la infección conocida como candidiasis tiene efectos horrorosos, implicando además que se manifiesta principalmente en los órganos sexuales femeninos. En Canadá decir que se está en una Candida Cleanse (una limpia de cándida) suena ultra bohemio, natural y positivo. De sólo pensar comentar en español que mi dieta es para la candidiasis me enrojece las mejillas, pues imagino los más crueles y superficiales juicios sobre mi vida.

No fui al doctor ni me hice análisis para saber si en verdad estoy invadida por hongos y parásitos devoradores de azúcar, queso y harina. Fui diagnosticada por una healer cuya traducción en español es curandera, pero de la misma forma, el contexto cultural y social las hace palabras totalmente distintas. Poder concertar una cita con esta persona me tomó más de tres meses, pues su demanda es significativa. El contacto lo hice por su página web. No hay manera de comunicarse con ella de ninguna otra forma y aunque ya hacía varios años que había escuchado de ella y de su maravillosa intuición para saber lo que a uno le ocurre, no me había animado a ir hasta que otra persona en la que confío mucho me la recomendó.

Llevo más de la mitad de mi vida trabajando en mi persona, tratando de instaurar una alegría más permanente y constante en mis perspectivas. He intentado casi de todo: psicoterapia, lecturas del tarot, psíquicos de vidas pasadas, temazcales, reiki, meditación, runas, café, lectura de mano, EMDR, quema de listas… y ahora esta mujer.

Mi muy esperada cita por fin ocurrió una mañana muy fría. El lugar estaba a dos cuadras de mi casa. Llegué un poco temprano y me encontré con una casa común y corriente, anticipaba una especie de clínica pequeña con avisos indicativos de cómo proceder. No había timbre y me entró una angustia espantosa por no saber qué hacer. Lo triste es que esto me pasa con frecuencia

—desconfío en mi capacidad de resolver un problema tan simple como tocar la puerta con mi puño— solución a la que recurrí pero que no resultó pues nadie me abrió. Decidí esperar unos minutos y volver a intentarlo, saqué del bolsillo mi celular para ver cómo dos minutos pasaban con la lentitud de una vida. En ese espacio de tiempo contemplé que quizá sería más satisfactorio para mi bienestar salir corriendo de ahí e irme a comprar un café americano con leche y un crussaint. Mi sentido de decencia ganó. Toqué nuevamente con más determinación y fuerza y me abrió una figura idéntica a “Largo” de los Locos Addams, pero sin su altura. Con un tono bastante agresivo me dijo que su puerta siempre estaba abierta y que ella estaba desayunando (cabe mencionar que faltaban únicamente dos minutos para mi cita). “Perdón, le contesté, yo no lo sabía”. Con una especie de refunfuño me dio el ok y subió las escaleras. Me indicó que esperara abajo sentada en una mesa de teléfono, de esas antiquísimas y que estaba topada con libros de autoayuda, siendo el más choncho el de su propia autoría. ¡Gulp!, expresó mi garganta.

Me llamó para que me uniera a ella en la segunda planta cuyo olor a avena recién cocida era más fuerte, a manera que mis piernas ascendían las escaleras. Me indicó que pasara a un cuarto que daba a la calle y me preguntó quién me había recomendado. Una vez dado el nombre me invitó a acostarme en una mesa de masaje, donde una vez echada me cubrió con varias cobijas. A pesar de mi naturaleza observadora no pude darme muy bien cuenta de la decoración del lugar pero recuerdo que había un librero repleto con libros sobre ópera.

Puso su mano muy suavemente sobre mi estómago y me dijo: “Tienes un exceso de cándida desde hace mucho tiempo, debes hacer una limpia”. No es la primera vez que en Canadá he escuchado este diagnóstico, generalmente dado por gente que se da ínfulas de superioridad alimentaria y espiritual como algunos maestros de yoga, así que mi acción inmediata fue ignorar completamente la posibilidad de una dieta y juzgar con escepticismo las capacidades de esta mujer. De su tacto suave en mi estómago pasó a mi rodilla derecha y al instante comenzó a decirme tal cantidad de cosas que resonaban completamente con mis dolencias anímicas y físicas, dejándome con el ojo cuadrado. Todo me hacía sentido. Empecé a sentirme en un lugar seguro, capaz de mostrar mi vulnerabilidad y mi cuerpo respondió rápidamente ante aquel permiso. La mujer me explicó concretamente lo que haría para sacarme lo que me estaba afectando y los movimientos que ocurrirían en mi cuerpo. Y efectivamente, reaccioné tal cual su descripción: mientras ella pasaba sus manos por mi cuerpo a unos cinco centímetros de distancia, una masa pesada de energía se formó en mi centro, me contorsioné un poco y finalmente dejé ir

todo eso hacia mis piernas que empezaban a sentirse frías y mis pies, como si fueran dos llaves abiertas de agua gélida, eliminaban esa energía maligna.

Salí de ahí exhausta y aunque han pasado ya algunos días todavía me pregunto si esta sesión no me habrá hecho más mal que bien, pues no me reconozco haciendo una dieta sin vino tinto, café, quesos y pan, me siento absolutamente miserable y con pocas ganas de vivir. Pero soy supersticiosa y confieso que conservo la esperanza de que al estar asesinando a estos parásitos lechosos, dulces y harinosos del mal, todo irá mucho mejor. Quizá el que sea sábado a las 6:30 a.m. y esté despierta horneando panes con ingredientes alternativos y sin gluten, sea una señal positiva.

P. Rivera.

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One thought

  1. Entonces podríamos concluir que candida ( gluten, azúcar etc)y el humo del tabaco son la causa de tooodos los males?? Haz probado alguna vez la contemplación de la Naturaleza (o cuidar plantas-árboles) ?? No solo es «terapia», limpia la mente te «conecta» con la vida, con la Tierra, hace que tus pensamientos se concentren en la belleza y GRATITUD, en consecuencia en paz contigo y el Universo. Si no haz probado esta alternativa «sanadora», te la recomiendo infinitamente querida Paula…..

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