CALENTAR LA OREJA SÉPTIMO CORTE

CALENTAR LA OREJA

NAVAJA de Fernando Curiel

 

Definición

“Calentar la oreja”. Dicho popular, de sentido ambivalente, en franco desuso. Emplease, en efecto, cada vez menos, para designar dos cosas opuestas; placentera una, pérfida la otra. A saber:

Dormir (1ª. acepción).

Despertar (2ª. acepción).

Dormir muellemente, a pierna suelta.* Despertar, en cambio, en el fondo de un pozo espejeante de víboras y otras alimañas ponzoñosas: alacranes, tarántulas, etcétera. El pozo de la calumnia, la intriga, el chisme, el rumor.

Añádase que el dicho de marras, amén de ambivalente, es antitético. Me explico (gustoso). Una oreja calentada en el sentido tenebroso del término (2ª. acepción) no vuelve a coger, a lo mejor de por vida, la hebra del sueño (1ª. acepción).

 

Cuadro

La sintomatología de la calentura de oreja (2ª. acepción por supuesto) nos habla de: desazón, angustia, culpabilidad seguida de auto indulgencia, sudoración constante, inapetencia, cosquilleo genital, pálpito, locura homicida en los momentos de mayor agudeza. Lo cierto es que funde y refunde al carácter más férreo.

 

Recomendaciones

¿Cómo diantres calentar la oreja? Yo aconsejo seguir los pasos que cito en su justo e intransferible orden:

—Con el dedo índice (éste) se acaricia la zona posterior de por sí tibia, sombreada, a fin de eliminar las partículas ahí sedimentadas. Jabón, sales, perfumes.

—A continuación, sólo que ahora con la punta de la lengua, asease el pabellón; sin omitir pliegue o recoveco alguno. Tenga cuidado, empero, de no tocar el orificio: blanco final.

—Cumplido lo anterior, la boca se aplica al lóbulo de la víctima. No incurra por favor en el típico error del intrigante o calumniador novato: la succión brutal, el inhábil mordisco. Chupe, pues, y lama, dulcemente otorgándole al lóbulo —porque lo tiene— el mórbido carácter de un pezón.

—Acto seguido la boca recorre el borde carnoso mordisqueando a su sabor; caben ocasionales lengüetazos a la parte posterior y al pabellón, ya límpidos de impurezas (“ruidos” en el sentido comunicacional). ¡Cuidado con tocar —todavía— el orificio de la víctima!

—Abriéndose al máximo, como si bostezara, la boca devora la oreja; lame, sorbe, ensaliva, muerde, murmura deliquios, ronca obscena; acercase, paso a paso, al orificio.

—Último paso. Cuando la oreja, de tal suerte acariciada, masajeada, chupada, besada, lubricada, adquiere una consistencia dúctil y pulposa, aduraznada —digamos—, se clava el aguijón.

En efecto, empujados por la punta de la lengua, viértense, en el orificio ya sin defensas del oído, las gotas de mala leche, el chorro de veneno, la ristra de cardos, los goterones de ponzoña, la letal dosis de inquina.

No suelte hasta que la temperatura de la oreja le queme el fementido hocico.

 

Advertencia

No intrigue o calumnie o difame a lo pendejo. Quiero decir que, mientras opera, en fin, limpia, y besuquea y demás, debe taponar con cera, o la palma de la mano libre, la otra oreja de la víctima. Como usted sabe, y si no lo sabe, debería saberlo por razones de oficio, gente hay a la que lo que le entra por un oído le sale por otro.

 

Proverbios aplicables

Me sigo refiriendo a la calentura de oreja en su 2ª. acepción.

—Es una oreja a la que no calienta ni el sol.

—Cuanto te calientan una oreja oculta la otra.

—Poner la oreja a remojar.

—Al buen calumniador pocas orejas.

—En oreja cerrada no entra ni mosca.

—Escarmentar en oreja ajena.

 

Remedios

Los especialistas proponen infinidad de remedios, algunos de ellos de plano descabellados, contra esta plaga de la humanidad, lepra de la familia, perversión sexual, tábano del amor, virus de la amistad, aftosa de la res pública que es la calentura de oreja (2ª. acepción).

Yo suscribo, en exclusiva, dos.

Primero. Aquel que prescribe dos cucharadas, antes de cada comida, del medicamento con la etiqueta Botellita de Jerez.

Segundo. Aquel que recomienda tan sólo, y sólo eso, “oídos sordos”.

 

* También dícese “Planchar la oreja”.

 

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