MUSEOS DE CERA

MUSEOS DE CERA

Fernando Curiel

Aunque usted no lo sepa, o no lo crea, Slawomir Mroźek, uno de los más grandes escritores polacos contemporáneos, vivió en México, en un apartado rancho. Más: con su segunda esposa, mexicana. Dramaturgo al que suele comparársele con Ionesco y Beckett (o al revés). Autor de fulgurantes relatos, Premio Nobel.

Usted puede encontrar de Mroźek en alguna, o todas, de sus obras traducidas para la catalana editorial Acantilado. En Juego de azar se incluye el brevísimo relato “El gabinete de figuras de cera” que nos cae como anillo al dedo o bisoñé a Donald Trump.

No importa qué ciudad, siempre urbanos son los museos de cera desde que se inauguró el Madame Tussauds. Un visitante, el personaje, el único que ronda por las salas vacías, se decepciona no tanto de la inmovilidad de las figuras sino por la falta de acción. La francesa María Antonieta, Reina, posa bajo la guillotina. Pero la cuchilla no cae. Nuestro personaje se harta de esperar. Con Marat pasa lo mismo. Carlota Corday amenaza pero no cumple la cuchillada asesina. Con John F. Kennedy, ya todo pasó: “el presidente yacía semirescostado sobre los cojines del coche, cosido a balazos”. Al buenazo de Benjamín Franklin se le hace posar con la expresión del descubrimiento del pararrayos. Pero el rayo nunca cae.

De pronto, en la sala de personajes actuales, una figura lo llama. Era un dictador, sudamericano o balcánico, no estaba seguro, que echado del poder despótico por la última revolución de su país, se había refugiado en el museo de cera. No le cuento más. Pero el lector mexicano puede pensar en los hermanos Castro, si fueran dos, o en Chávez, si viviera, o incluso en Evo Morales.

¿Qué tanto éxito tienen en la Ciudad de México (así, con todas sus letras, nada de CDMXEXDF), los gabinetes de las figuras de cera? Aún me acuerdo de la expectativa que causó el primero de ellos, en la calle de Londres si estoy en lo correcto. Y, durante años, el brazo del “Manco de Celaya” se exhibió tal cual en el Monumento a Obregón. Quizá algún “follower” de este PUÑO ELECTRÓNICO lo haya visto. En la Bombilla, al sur.

No escapa a Mroźek que el museo de cera “está pasando al olvido” por culpa de los “medios audiovisuales modernos”. Me place citar un ejemplo, sólo que a todas luces involuntario.

La portada del número cabalístico 100 de la revista GQ muestra los semidesnudos (¿o semivestidos?) de cuatro estrellitas de la farándula: Zuria Vega, Camila Sodi, Adriana Louvier y Eréndira Ibarra. Sólo que sorprende la seriedad, casi hierática, de las semidesnudas (¿o semivestidas?). Pese a la coqueta lencería negra no diré que de Victoria´s Secret, pero mona, las duras expresiones faciales, más propias de la foto o la telenovela, ocultan en realidad hombros, torsos y piernas. En vez de atrevimiento, forzamiento. En vez de sensualidad (y tienen con qué) estatuaria.

Cual figuras de cera.

 

Fotografías por Antonio Sierra García tomadas en el Museo de Cera Madame Tussauds en Hollywood .

 

 

 

 

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Imagen  de portada propiedad de GQ MX  http://www.gq.com.mx/

 

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