EN LA CANTINA SEXTO CORTE

EN LA CANTINA

 

1

Apenas traspone la puerta de batientes da el:

               —¿Quién bebe?

2

Se acoda a la barra como si empuñara una pistola Magnum.

3

—El alcohol entra por los ojos, no por la boca. ¿Sabías eso? Desde luego que la boca sorbe y se sacia, y la lengua restalla y relame. Pero ni una ni otra, boca y lengua, descubren lo que oculta el fondo de la copa (Pausa). Ese paisaje que hipnotiza al ojo hasta vidriarlo.

               El cantinero se limita a secar los vasos.

4

También afirma, riendo para sí, que la cruda… ¡Es la realidad!

5

Ya a medios chiles arguye que toparse con una mujer en una cantina es tanto como encontrar la flor de Coleridge, aquella prueba fragante del paraíso, en un bote de basura.

6

Se proclama.

               —As de Copas.

7

“¡Hic et nunc!”

               Hipea latinista.

8

Así traza, sobre la cubierta de cinc, el dibujo de sus pedos en falso.

9

Vacía la copa con la fruición de un cáliz.

10

Suele sentarse en la esquina libre de la barra, de espaldas a la pantalla colgada de la pared. Espera verse llegar. Ansioso, ávido del primer trago que trasiega de golpe sosteniéndolo con ambas manos temblorosas. Nunca llega. Imagina sólo imagina que, de mirarse, se mirarían con ferviente odio gemelo. Pide otra, doble, para consolarse.

11

A la pregunta:

               -¿Lo de siempre?

Responde, humilde:

               -De aquí a la Eternidad.

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