Crónica 11

Páginas México Canadienses, crónicas de un viaje que se ha vuelto vida.

Crónica 11

Llegué apática y fría, vestida con una playera negra, unos pantalones de mezclilla, pelo suelto y apenas algo de maquillaje. Al entrar en la sala de espera me encontré con todas las actrices de “color” de Toronto, las que siempre audicionamos en competencia, vestidas todas con minifalda, escote y maquillaje excesivo. Nos saludamos cordialmente a pesar de saber que sólo una o quizá ninguna obtendría el papel. Desde donde estábamos se podía escuchar a través de la pared que todas las que entraban a la prueba en algún momento gritaban y sollozaban. Me dije en silencio que yo no gritaría así. Fue mi turno y salí de ahí con un ataque de llanto tal que no pude parar hasta estar a tres kilómetros del edificio. Mientras manejaba de regreso a mi casa entre sollozos, mocos y un dolor inconsolable, me di cuenta de que el haber actuado en español me había conectado con el personaje estremeciéndome de tristeza. “Soy mucho mejor actriz en mi idioma”, me dije, mientras enfrente de mí aparecía la CN Tower con su inmensidad fálica como recordándome la paradoja y lo irónico del asunto. Ese día, como tantos otros, el personaje no hablaba bien inglés y la mayor parte del diálogo se sucedía en español. Por supuesto que yo había sido la encargada de hacer la traducción, las páginas o sides como se les dice a los pedazos de escena que te dan para audicionar, sólo venían en inglés.

Llevo un muy buen rato aceptando cualquier audición que se me aparece en el camino, esté o no de acuerdo con el proyecto, esté o no entusiasmada por hacerlo. En mi sistema de valores le he dado uno muy alto al ir a todo y decir no a nada. Lo malo es que emotivamente no me he sentido satisfecha. Esta audición en particular me hizo enojar mucho y no por tener que hacerles el trabajo de traducirla, sino porque fue la gota que derramó el vaso de mi hartazgo por la manera como la mayoría de las series en inglés, tanto canadienses como americanas, siguen escribiendo a los personajes de “color”. En Canadá se filman muchísimos proyectos de internet, televisión y cine, locales y de Estados Unidos, en éstos últimos, siempre hay uno que otro papel de estrella invitada o de principal para el que se nos convoca a audicionar a los actores “canadienses” como yo. Febrero es especialmente un mes activo pues es la época que se conoce como Pilot Season en Los Ángeles. Varias productoras filman episodios piloto que después se ponen a consideración del público y otros sistemas de sondeo, para ver si se invierte o no en convertirlos en series. Muchos de estos pilots se filman en Toronto. Esta audición era uno de ellos. El gobierno de Canadá, en un esfuerzo político y demagógico, ha estipulado que todos los

actores deben de ser invitados a participar en la competencia de trabajos sin importar raza, color o credo. Por supuesto que es absurdo el pensar que esta regla se aplica pues de entrada los personajes no pueden ser escritos siempre como multirraciales, sino con especificaciones muy claras de estatus económico, color de piel, acentos regionales, momentos históricos y demás. Sin embargo la norma sí parece aplicarse cuando se requiere de personajes de “color”, aquí sí no hay distinciones y nos ponen a todos en un mismo sombrero, tanto negros como latinos, asiáticos o árabes, coincidimos en el mismo cuarto de espera para audicionar por los mismos papeles que son pocos y mal escritos.

Entiendo claramente que la percepción más popular, cuando menos en Canadá, es la de que todas las personas de color no somos originarias de ahí (salvo por supuesto los nativos, tema delicadísimo y muy distinto al que describo ahora y que requiere muchísimo más conocimiento y reflexión de mi parte para poder opinar) y por lo tanto hay una ignorancia entendible que impide reconocer las diferencias enormes que hay no sólo entre nosotros sino incluso entre las personas que comparten el idioma y el color de piel. Ejemplo claro es asumir que todos los latinos somos iguales, cuando entre nosotros sabemos que un mexicano no es igual a un argentino. O, aún en mayor detalle, sabemos que un porteño no es un cordobés, un chilango no es un regio. Entre los latinos hay tantas diferencias como las hay en todos los otros grupos étnicos del mundo. Absurdo pero así es. En Canadá existen ya varias generaciones de gente no blanca nacida en este país que comparte mucho más con él que con su cultura de origen, y cuando alguna de estas personas decide dedicarse a la vida actoral está a merced de la misma ignorancia de juicio que la de los actores como yo, expresión de una especie de atraso cultural en la industria de imágenes canadiense que no refleja la realidad de su momento social y cultural, perpetuando así la ignorancia que ya existe en el país. En Estados Unidos, me imagino, pasa más o menos lo mismo, juzgando por toda la polémica que a fechas recientes se desató en la entrega de los Óscares.

No sé en realidad qué fue lo que me afectó tanto de esta audición, cuando han habido varias de igual superficialidad y falta de contexto, vamos, la previa fue para un personaje idéntico a Kelly de Beverly Hills 90210, con el mismo mundo y diálogos, pero escrito para alguien “de color”. Creo que fue el que el personaje no tuviera razón de ser, no creció, no cambió, su función fue exponer información que la heroína (sin “color”, bella, atlética, políglota y ex-cocainómana) necesitaba para salvar al mundo. Lo peor del caso es que me salió bien, al

hablar en español me conecté y recordé mi esencia, actué la nostalgia con la que vivo todos los días de mi vida, el cansancio que siento a veces por la vida que elegí.

P. Rivera

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