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AGENDA URBANA de Fernando Curiel

Los baches se multiplican, los parques y jardines quedan a la mano de Dios y no de las Delegaciones, El Caballito sigue mordido por la lepra, en un solo tramo de avenida la velocidad permitida pasa de 20 a 50 kilómetros por hora y otra vez a 20, los desarrolladores urbanos ya se la tienen jurada a Chapultepec, 5 papamóviles paralizan la ciudad, etcétera y etcétera; pero todo aquí es Constituyente, Constituyentes y Proto-constituyentes.

Proto-constituyentes o redactores cuya lista de 28, en ceremonia con tufos de Pasarela Roja, acaba de dar a conocer el Jefe de Gobierno. La respuesta al anuncio pasó por todos los matices.

Yo podría quedarme con la broma de que, si a sectores vamos, Guadalupe Loaeza representa a la revista Quién y Juan Villoro, en política de buena vecindad, a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Jalisco. O el comentario de que el aparato auxiliar de los 28, “apartkichi” por tratarse de un gobierno de “izquierda”, ya lo quisieran los nuevos secretarios de Estado. Una Secretaría Ejecutiva, una Secretaría Técnica, una Comisión Ejecutiva y un Equipo de Asesores Externos comandados por mi admirado amigo Juan Ramón de la Fuente.

O quedarme con la protesta estentórea de MORENA so pretexto de que en el fondo se privilegia a un partido político, el PRI, ya casi expulsado de la capital; y se ponen en peligro conquistas, llámelas usted asistenciales o clientelares, hasta ahora logradas.

O con el retobo de MORENA, PRD y PAN contra el INE (hace rato que no le tundían) por la forma en la que interpretó su papel en la elección de los CC (Constituyentes Ciudadanos) y repartió lo que en realidad está en juego, los dineros públicos.

Pero no. Mejor me detengo en las inconsistencias de un proyecto político que, más que el del salario mínimo (justo por constitucional), pondrá a Mancera en el pelotón de finalistas para 2018 con clara dedicatoria al “Peje”, el Eterno Suspirante ya de cabecita blanca. ¿Qué inconsistencias?

El verdadero quid de la Ciudad de México, además de su pasado mítico (mítico y real: Tenochtitlán fue un prodigio de urbanismo), en su índole de Sede de los Poderes Federales. Ejecutivo, Legislativo, Judicial. Y sede federal seguirá siéndolo; de no ser así, se mudaría, como previsto está desde 1917, en un Estado nuevo, libre y soberano, el Estado de

Anáhuac. Lo que se prevé, por el contrario, es que pasemos a entidad federativa, asunto de autonomía, como es el caso del mentado INE, y no de soberanía.

Esto explica que a las Delegaciones corresponda el nombre de Alcaldías y no el de Municipios (condición perdida en 1928) porque ni de chiste lo son.

¿Y cómo está eso de que todo lo que era el Distrito Federal, mancha urbana pero asimismo labrantíos, ribazos, llanuras y demás componentes rurales y campiranos, se llame Ciudad de México o, degradada, aherrojada en siglas, CDMX? ¿La idea es que nos reconozcan como “cedemexicas” por caso? En ese plan, mejor IMECAS en plan de recordatorio que la polución va ganando la batalla.

Y si ya se conquistaron, como se dice, derechos y libertades de “última generación”, ¿para qué una Constitución cuyos malabarismos jurídicos, con todo y los proto-constituyentes procedentes del periodismo del corazón, la literatura y la academia, ya podemos, sin esfuerzo, sospechar?

Lo inconcuso es que, paso a paso, se comprueba que esto del constitucionalismo capitalino atañe a Poderes y Partidos, no a la ciudadanía contante y sonante. De ahí la interlocución única (que tanto demandó el CEU en CU y demanda la CNTE en todo el país): la presentación exclusiva del Jefe de Gobierno del proyecto de Constitución.

De ahí, en consecuencia, los porcentajes de los 100 constituyentes previstos: 60% designados y 40% electos por el popolo. Designados por los partidos, la Cámara de Senadores, la Asamblea local, el Presidente de la República y el Jefe de Gobierno. Y resulta que senadores son ya dos de los 28, Barbosa y Encinas.

Ya podemos, en consecuencia, imaginar la pelotera que aparejará la elección de los constituyentes ciudadanos. Agárrese usted.

Fotografías por Octavio Olvera

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