Crónica 7

Páginas México Canadienses, crónicas de un viaje que se ha vuelto vida.

Crónica 7

 

Últimos días en la Ciudad de México. Tengo sentimientos encontrados pues ya siento la gran necesidad de volver a una rutina productiva y constante y, sobre todo, estoy ansiosa por volver a una casa con calefacción pues vaya que he sufrido este frío extenso. A la vez, no quiero volver a días oscuros, húmedos y grises, a vestirme como un oso y a perder ese sentido de pertenencia innato para regresar a explicarme todos los días. Pronto será tiempo de volver a enfocar los esfuerzos por continuar una carrera de actuación en un inglés perfecto pero con acento y recordar que soy una empresa, un negocio que debe producir. Pronto será también tiempo de ver a mis amigas adoradas, de platicar, de estar activa, de ser adulto, de vivir mi vida.

Las últimas dos semanas de mi estancia capitalina las paso en la Condesa, colonia que solía parecerme maravillosa y que ahora veo como en saturación, se va atiborrando más, se va corrompiendo más, se va llenando más de basura, de ruido, de restaurantes inmensos con terrazas veraniegas que lucen vacíos, de antros clandestinos de mala muerte.

El tema de la basura me tiene completamente intrigada. Cada vez que paso tiempo en esta colonia hay nuevas políticas con respecto a la basura. A veces hay un exceso de basureros públicos y, a veces, como ahora, todos han desaparecido; sólo se ven los restos de los postes metálicos que solían dar estructura a los botes. Los camiones de la basura pasan todos los días, a diferencia de Toronto en donde sólo pasa un camión los jueves, pero recoge selectivamente algunos desechos de determinadas personas con propina en mano y también los de algunos basureros. Es triste ver cómo se van acumulando bolsitas con detritus de perro en los postes rojos y grises y pasan días sin ser limpiados.

Creo que uno de los temas más complicados y de las tareas más susceptibles de corrupción en el mundo, es el control de la basura. Pongo como ejemplo a Toronto cuyo servicio, como lo mencioné antes, ocurre una vez por semana y aunque se lleva siempre la basura orgánica, alterna con la reciclable y la general, queda siempre al criterio del basurero el que se lleve o no ciertas cosas, dependiendo de cómo hayan sido acomodadas. Así también nunca se sabe a qué hora pasarán por lo que hay que sacar la basura antes de las 6 de la mañana, no obstante que pasen por ella hasta las 6 de la tarde.

Es muy común que en verano las calles torontonianas apesten a concentrado de ácidos, pues la basura espera todo el día bajo el sol a ser recolectada. Por supuesto no hay manera obvia de corromper o convencer al basurero para que se lleve todo, ya que el servicio es público. Hay servicios privados pero cuestan muchísimo dinero. Mi amiga Vincenza, quien fue dueña de un restaurante, optó por contratar siempre al servicio privado, de otro modo hubiera tenido que ajustarse a las mismas reglas del resto de los habitantes, es decir, a sacar la basura una vez por semana y dejarla enfrente del restaurante hasta que el servicio de limpia llegara, y me imagino que teniendo un restaurante la cantidad de basura acumulada es impresionante, de hecho es también común ver en Toronto, en calles similares a Nuevo León o Tamaulipas de la Ciudad de México, pilas y pilas de cosas espeluznantes como lechugas agusanadas o pedazos de animales destajados que los restauranteros avaros dejan afuera para así evitar pagar más dinero por el servicio de recolección privado.

En la Ciudad de México me parece que el tema de la basura no es sólo un asunto de corrupción, sino también de política, pues cuando Eberard estaba al mando del entonces D. F., vivía en la Colonia Condesa y sus calles estaban limpias; ahora que Mancera es el nuevo al mando, la colonia Nápoles es la que goza de mayores atenciones. Qué triste que tengamos tan poca visión y respeto por esta hermosa ciudad, pues tampoco nosotros los ciudadanos procuramos hacer mucho para mantener su limpieza. Ejemplo perfecto es la poca educación existente entre los capitalinos con respecto a recoger las heces caninas. En fin, no somos exclusivos en esto, nada más hay que ver la película Gomorrah del italiano Matteo Garrone para ver cómo se las gastan en Italia con el tema de la basura… Habría tema para largo.

Últimos días en esta ciudad. En una caminata nocturna saco a orinar a mis perros y vivo los contrastes maravillosos de civilización suprema y barbarie; es jueves, hay una proyección gratuita en el Foro Lindbergh, hay gente tranquilamente sentada con sus niños y perros gozando de una película, pero basta caminar unos cuantos pasos para toparse con tres patrullas que van en fila india, a cinco kilómetros por hora, tocando el claxon de manera estridente, anunciando su paso como el circo ambulante que son. Pasos más adelante me topo con un restaurante donde el capitán me informa que mis perros pueden pasar y comer junto conmigo pizza y pasta hechas en casa. Es la misma calle donde hasta hace unos días decenas de perros fueron envenenados por un tipo que, a pesar de la existencia de un video donde se le ve claramente echando veneno, sigue sin ser aprehendido. En un lapso de quince minutos en esta ciudad se viven contrastes de todo tipo, y es esto lo que voy a extrañar cuando vuelva a mi pueblo invernal: esta actividad constante, esta eterna vitalidad contradictoria que es México y que, aunque en Toronto existe, nunca será igual.

P. Riveraimagen cronica 7

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