Crónica 5

Páginas México Canadienses, crónicas de un viaje que se ha vuelto vida.

Crónica 5

 

Una amiga canadiense me visita en la Ciudad de México durante mi privilegiada estancia invernal. Antes de su llegada le advierto por WhatsApp que aunque el frío no es en efecto el torontoniano, sí es importante que traiga ropa gruesa sobre todo para estar dentro del departamento al cual describo como iglú. Mi amiga llega un viernes en el vuelo que aterriza a las 12:15 a.m., tengo que pasar por ella en Uber pues me es imposible sacar mi coche prestado del estacionamiento ultra barroco y rebuscado del Airbnb en el que estoy. Ella llega bien, tomamos un taxi seguro hacia el departamento que está en la San Miguel Chapultepec, hermosa zona. El taxista me informa que tanto Viaducto como Río Churubusco están cerrados, tiene que tomar rutas alternas. No tengo ni la menor idea de por dónde vamos, pero el primer contacto de mi amiga con el entonces todavía D.F. no es precisamente el más hermoso. Ella, en realidad, no lo sabe y está feliz de estar acá y  me cuenta que la promovieron a primera clase y que cenó salmón con vino blanco, en fin, ella está a gusto, por lo que mi angustia no permea su alegría. Después de casi cincuenta minutos en un trayecto que sin tráfico tomaría quince, llegamos por fin a nuestro destino.

El primer día decido que sea uno de pura caminata de barrio, la llevo por la San Miguel, en especial le muestro la calle General Juan Cano y le informo que en ella nació mi abuela materna y que me encantaría poder tener una propiedad aquí. La llevo por Constituyentes hasta cruzar Circuito Bicentenario y entrar a la Condesa por Juan Escutia. Le explico que esta colonia es importantísima para mí, pues en mi fallido intento por regresar a mi ciudad natal, fue esta la zona que sirvió como mi México.

Caminamos por mis calles y parques prediclectos: Mazatlán, Veracruz, Parque España, Parque México, Amsterdam, Ozulama; paramos en Maque donde nos comemos unos deliciosos huevos a la mexicana y un jugo de mandarina, mi amiga dice que es el jugo más delicioso que ha tomado, que el D.F. le recuerda muchísimo a París, que hasta ahora le encanta. Continuamos la caminata por las calles condesinas, llegamos a su origen: la Garufa, la Gloria, el Mercado, decidimos tomar una cerveza, mi amiga escoge el lugar más gringo que yo he visto, ni me acuerdo del nombre pero está en la esquina de Michoacán y Yautepec, siempre hay extranjeros borrachísimos y música a todo volumen. Yo odio el lugar pero a ella le gusta. Volvemos a la San Miguel para reposar. Le sugiero que volvamos a la Condesa para cenar en el restaurante Temporal, cuyo dueño es el chef Diego Pérez Turner, amigo y personaje encantador que ha hechizado a muchas, incluyéndome a mí. Mi amiga está angustiada porque no logra dominar su pelo y yo porque no sé qué ponerme. Por fin logramos salir del departamento. Llegamos en Uber al restaurante que está medio vacío, escogemos una mesa al lado del balcón que da a Saltillo, mi amiga está sorprendida por lo lindo del lugar, se imaginaba un antro. El chef nos da la bienvenida, se sienta con nosotras. Yo le había platicado de él y me da gusto que se conozcan. Comenzamos a beber y a comer con ganas, él nos sugiere el hojaldre de mariscos para ella y el vacío para mí; antes compartimos un chile ancho relleno de chayote, nopal y otras cosas deliciosas. El chef se va a otros asuntos, mi amiga y yo continuamos bebiendo, ahora tequila, ahora mezcal, yo me empiezo a poner muy triste, por todo lo que no fue. Buscamos al chef, tomamos más mezcal. Entran al lugar una pareja de chicas. Una platica conmigo, le advierto intensamente que no desperdicie su vida. La otra platica con mi amiga en inglés. Mi amiga le dice que deje esas malas compañías, que es hermosa, que se merece una vida mejor. La intensidad de mis emociones es ya incontrolable, me quiebro en llanto. Mi amiga me saca del lugar y mis lágrimas son como cataratas. Lloro por todo lo que me ha pasado en la vida y por lo que no, insisto en que regresemos a la San Miguel caminando, increíblemente y como cuidadas por un ángel, nadie nos intimida. Las calles están vacías, como si el momento hubiese sido diseñado para dar paso a una Magdalena que va de puerta en puerta tumbando su tristeza, siendo consolada por una Verónica extranjera. Mi amiga se muere de ganas de hacer pipí. Entre sollozos le digo que lo haga en la calle, que aquí en México es de lo más común, que todos lo hacemos. Milagrosamente llegamos al departamento salvas, si no sanas. Mi amiga orina por horas, yo sigo llorando hasta lograr conciliar el sueño, que es breve pues el segundo día ya anuncia su llegada.

Sábado. Las dos despertamos con una cruda de los mil demonios. A mi amiga le encantaría quedarse tranquila. Me informa que la noche anterior ha valido como por veinticinco años. Estoy de acuerdo, pero la obligo a hacer el esfuerzo, pues no podría perdonarme arruinar su primer viaje al D.F. por mis necesidades de cuidado emocional. La llevo al bazar del Sábado en San Ángel. El lugar nos parece precioso. Yo creo que seguimos embriagadas pues todas las texturas y colores parecen bailar y brincar. Esta zona ha cambiado mucho desde mi partida al norte: hay mucho centro comercial dizque artístico y hay tortas gourmet y mercados de comida “fifí”. Todo es en verdad lindo pero extraño, excluyente y un poco pretensioso, pero es bonito. Nos llaman la atención los azulejos de un edificio, los tocamos con suavidad, como si el contacto de la mano con el frío de la cerámica nos transportara a otros tiempos y dimensiones. Me doy cuenta que hay varias personas observando a este par de crudas tocando azulejos. Le informo a mi amiga de lo que ocurre, nos atacamos de la risa e inmediatamente partimos a otras aventuras sensoriales. Los días pasan: el tres,  el cuatro, el cinco, el seis. La llevo a Coyoacán, a la casa de Frida. La llevo a Taxco, a la casa de mi difunta abuela paterna. La llevo al Centro Histórico, a los murales de Palacio Nacional. El tiempo no nos da para más. Me falta mostrarle miles de lugares hermosos: tendrá que volver. La llevo al aeropuerto para que tome su vuelo de regreso a Toronto. Nos veremos pronto, cuando yo vuelva en unas semanas más. Le agradezco su amistad, su cariño y su curiosidad por este país que tanto amo.

P. Rivera

clases lily

One thought

Deja un comentario