Crónica 3

Páginas México Canadienses, crónicas de un viaje que se ha vuelto vida.

Crónica 3

 

Primeros días de diciembre, camino por el acotamiento de una carretera en la ciudad canadiense de Sudbury, estoy aquí por trabajo, hospedada en un hotel en las afueras de la ciudad. Me doy cuenta que he olvidado el shampoo y decido ir a la farmacia ShoppersDrugmart a pie, pues no tengo auto y parece que la distancia no es tan larga. Me viene a la memoria que este tipo de caminatas aventureras por lugares helados e inhóspitos de Canadá las he hecho mucho, con chamarra de pluma de ganso, bufanda alrededor del cuello y la cara, guantes que no calientan y un gorro que tampoco lo hace, enfrento el viento helado y húmedo que me tumbaría si mi paso no fuera aguerrido, firme y dirigido. Desde que llegué a este país voy peleando con todo, en realidad porque siempre me he peleado con todo, es mi manera de creer que soy eficaz y fuerte al enfrentar la vida. Siempre me he sentido como una marciana en Canadá y aseguro que todos los habitantes originales me ven con sospecha, pues a pesar de estar vestida como oso, sigo con frío y se nota. Pero hay algo distinto en la caminata de hoy, y es que ya son tantos los años de vivir en este país, que el pelearme con los elementos y ser, según yo, vista como rara ha dejado de ser aventura; ahora pienso que mi verdadera aventura es cuando siendo mexicana camino por las calles de México. En fin.

Sudbury es una ciudad minera a cuatro horas y media al norte de Toronto, que fuera conocida por ser la productora más importante de níquel del mundo hasta hace algunos años; ahora todavía lo produce pero el valor del metal ya no es tan preciado y por lo tanto Sudbury ha tenido que encontrar otras formas de permanecer económicamente activa. Es también un lugar donde hasta poco no existía ningún árbol, pues el humo de la pipa gigante, que es punto de referencia emblemático, era tan tóxico que todo lo verde se murió y casi toda la roca que habita en la ciudad fue ennegrecida. El motivo de mi visita a un lugar nada atractivo para el turismo es, como lo mencioné al principio, trabajo, pues resulta que desde hace algunos años se filman gran cantidad de programas de televisión y películas aquí, porque hay un programa del gobierno del Norte de Ontario para reducir los impuestos a las compañías que decidan filmar en Sudbury. Se sabe que en el mundo del cine y la televisión es muy común que se utilicen ciudades que nada tienen que ver con la locación descrita en sus guiones, es decir, siempre se ha filmado en Vancouver, Toronto o incluso Winnipeg haciéndose pasar por Nueva York, Boston o Chicago -un ejemplo muy afortunado es la película The Matador con Pierce Brosnan, pues se filmó enteramente en la Ciudad de México, haciéndose pasar por París y otras ciudades europeas y sólo un capitalino de hueso colorado reconocería que los palacios parisinos son en realidad el Edificio de Correos del Centro Histórico. En fin, esta práctica se hace porque resulta mucho más barato disfrazar tales ciudades que filmar en las urbes ultra cosmopolitas de Nueva York et al., y Sudbury ha encontrado en esta práctica un agilizador de su economía. Así que estoy aquí para trabajar en una película para la televisión americana donde Sudbury se hace pasar por Boston.

La producción organizó que mi llegada sería por coche junto con otros dos actores torontonianos; estamos todos haciendo papeles principales ya que los estelares son dados a gente dizque famosa de la televisión gringa y por supuesto ellos llegarán en avión. Nunca antes había estado tan al norte del país y estaba francamente emocionada por la aventura de salir de Toronto; siempre me han gustado los viajes en carretera, pues en mi memoria de niña no había más que salir de la Ciudad de México para empezar a experimentar nuevos paisajes, comidas, vestidos… Describo lo que fue el trayecto: nos toma casi una hora salir de la ciudad, ya que la están componiendo toda y ya en la carretera las únicas opciones para pararse y comer algo son las cadenas de fastfood, en su mayoría la ex-canadiense Tim Hortons, franquicia de café y donas cuyo fundador fue el jugador de hockey del mismo nombre y que es símbolo de identidad para todos los canadienses, a pesar de ahora pertenecer al conglomerado americano de hamburguesas Wendys. La campaña publicitaria de Timmys (como le decimos de cariño) es la combinación de hockey, café y donas; en los últimos años la empresa ha entendido la importancia de la diversidad racial de este país y en lugar de usar actores de tez ultra blanca, ahora se usan modelos de facciones asiáticas para dar a entender que estos grupos de inmigrantes, que llevan ya tanto tiempo en Canadá, son ahora Canadá, porque juegan hockey, toman café barato y comen donas… Lo más excitante del trayecto empieza a unas dos horas antes de llegar a Sudbury, pues pasamos por la región conocida como Muskokas, donde hay alrededor de mil lagos formados alrededor de la piedra de granito multicolor. El efecto es impresionante, pues debido a su fondo de roca, los lagos son negros y reflejan, como si fueran espejos, el cielo y los pinos que crecen en isletas o alrededor. A esta región la llaman el Escudo Canadiense y alberga también parques y reservas de los habitantes indígenas, por lo que percibo que, detrás de la homogeneización de los negocios de donas y hamburguesas, hay un mundo mucho más interesante, con osos y pieles, cultos a la tierra y al agua y bebidas alucinógenas.

Sudbury forma parte de este Escudo, por lo que me da inmensa curiosidad conocer más de este lugar. Estaré aquí tres semanas viviendo dos experiencias distintas: la del mundo televisivo que siempre es engañoso y la de este hoyo negro industrial rodeado de granito y culturas nativas que parecen mezclarse de una manera mucho más orgánica de lo que he visto en la realidad del resto de Canadá.

P. Rivera

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