CATALUÑA

CATALUÑA

AGENDA URBANA de Fernando Curiel

España se abre generosa al turismo en los 60’s. Para los mexicanos, país y ciudades (Madrid, Sevilla, Barcelona, Bilbao) familiares, festín histórico y gastronómico, la Europa que nos pertenece (como Inglaterra a los canadienses del Pacífico, Francia a los del Atlántico). Ciudad de México-Madrid: puente aéreo de Iberia, Mexicana, Aeroméxico.

De acá de este lado: los Niños de Morelia, el destierro republicano de los 30’s, Los Churumbeles, Sarita Montiel, Pepe Alameda, Germán Robles, el Centro Asturiano, Luis Buñuel y su carnal Alcoriza. Y, gran puntada, Agustín Lara y su himno matritense (“Madrid, Madrid, Madrid, en México se piensa mucho en ti”).

Mitología de lado de allá: el Museo del Prado, el Hotel Palace, El Chicote, Las Ventas toreras, el estadio Bernabeu (¿y quién se acuerda de Di Stéfano, la “saeta rubia”, ya quisiera Ronaldo?), los restaurantes Anselmo y Botín, etcétera. Y, para los dados a la historia intelectual, el exilio mexicano en España que madriliza a Alfonso Reyes, a Martín Luis Guzmán, a Ángel Zárraga; la flota mexicana, Brigada Internacional Cultural, que en apoyo a la Segunda República integraron casi lunamieleros la Garro y Paz, Fernando Gamboa y señora, José Mancisidor y el grande  grandulón Silvestre Revueltas.

Yo podría incluir, los de Madrid, en mi abigarrada lista de domicilios a partir de 1959, año que dejo Taxco en pos de la Fama, el Amor, el Poder. La cosa empieza con los 70’s. Procedemos, Hilda, Adrián y yo, con escala en París, de una larga estancia en Londres, L’Ondon. Madrid: Hotel Norba, cabe la Gran Vía (Vía Láctea según el mexicano madrileño vate Luis G. Urbina). Vamos a la patria de retache, el presidente Echeverríaenloqueciendo los instrumentos (manuales y electrónicos) de la nave “Desarrollo Estabilizador”, urgida de mantenimiento y recambios. Taxistas, se decía, los de Madrid, “halcones” del franquismo policial. El Escorial y Toledo (¿y Ávila?) a chaleco (nunca el Valle de los Caídos). Y, en la Villa y Corte, Alcalá y su Puerta, Puerta del Sol, Plaza de España, Lavapies, El Buen Retiro, Plaza Mayor, Las Vistillas, Plazas de Oriente y de Santa Ana, El Rastro, Atocha (puntos suspensivos).

Vendrían (yo regresando una y otra y otra vez): la muerte del Generalísimo mantenido agónico arificialmente, “La Marcha” día y noche, la apertura, los Pactos de la Moncloa (que aquí, apresuradamente imitados, se llamarán LOPPE, origen de la gran y costosísima farsa electoral que nos aturde y paraliza), viajes míos casi anuales: turísticos, oficiales, de investigación; las modas y la música de cada temporada. De La “Faraona” Lola Flores a La Pantoja, de Ana Belén a Bebe, de Mecano a La Oreja de Van Gogh. A eso voy…

Los atentados yijafundamentalistas de París en noviembre de 2015, me trajeron a las mientes los de la estación ferroviaria de Atocha. Y “Jueves”, de la rediviva Oreja (nueva cantante). Canción-testimonio, canción-epitafio. Par de jóvenes que viaja durante meses en el Metro dirección Atocha. “De pronto me miras/ te miro y suspiro/ Yo cierro los ojos, tu apartas la mirada”. Juego del gato y el ratón. El mismo vagón, el mismo horario, de estación en estación, prometiéndose. Hasta aquel 11 de marzo, jueves, en que el joven se anima, arma de valor, la aborda, se celebran, se besan. Ella le regala a él el último soplo de su corazón. Ingresan a un túnel que apaga la luz del día. Estallan las bombas colocadas en mochilas. Atocha se muda infierno. Españoles los dementes autores del atentado. Como, antes, británicos, los del metro londinense que atestiguara Mafer Olvera. Como franceses los asesinos del Bataclán parisiense.

Hoy la politiquería juega en Cataluña a confundir autonomía con escisión, reformas constitucionales con ablación. Siendo que la nación española lo es en tanto catalanay, Cataluña, parte esencial de España.

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Foto : Jana Dosal

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