Crónica 2

Páginas México Canadienses, crónicas de un viaje que se ha vuelto vida.

Crónica 2

Es sábado, el otoño en Toronto es uno de los más hermosos que yo recuerde, la temperatura oscila entre los 15 y 16 grados centígrados, la luz, realmente dorada, ilumina las hojas rojas y ocres de los árboles que despiden al verde preparando su descanso invernal. Y el cielo es de un azul tan claro que no hace más que poner en mi mente imágenes de un París imaginado. Quedo con mi muy querida amiga Vincenza para almorzar en Bar Raval, uno de los lugares nuevos más de moda que han abierto en el último año. La cita es a la una, me encuentro con ella en la esquina de College y Clinton, sitio central de lo que se conoce como Little Italy, colonia en la que vivimos las dos. Nos dirigimos juntas al bar caminando por la calle de College con dirección este. Vincenza es una mujer guapa, soltera, complicada, nacida en Canadá de madre inglesa y padre siciliano -exótica-. Nos ponemos al tanto de nuestra respectiva semana, el día tiene además un aire pre-navideño, dan ganas de prolongar ese descanso sabatino por muchos días más, dejar de exigirse tanto y de ser el peor auto-enemigo. Lo intentamos.

Bar Raval está justo en la esquina sureste de College y Palmerston, en un local que ha dado hogar, desde que vivo en esta ciudad, a alrededor de tres restaurantes que fracasan. Pero la suerte de este Bar no parece ser negra sino todo lo contrario, luminosa y por mucho tiempo a seguir. Antes de que se abriera el negocio, salió en el Toronto Star (periódico de postura liberal) un artículo entrevistando al chef y dueño Grant Van Gameren,  declarando que la intención de su bar era abrir el lugar más bonito si no del mundo por lo menos del país cuya longevidad sería de por lo menos cien años. Y sí, la estética del lugar es espectacular, todo labrado en madera de caoba al estilo Art Noveau español, más específicamente Gaudí. Este chef es una personalidad en Toronto, pues lugar que abre, lugar que se vuelve una especie de pionero en comida y ambiente, su único fracaso fue cuando trabajó  como chef en un restaurante de comida italiana llamado Enoteca Sociale, ya que él mismo declaró que no tenía ni conocimiento ni pasión alguna por la comida italiana, y se notó. Antes de ese experimento italiano transicional, se volvió famoso por ser el chef de un restaurante chiquitito llamado Black Hoof, pionero en el movimiento “de cabeza a pies”, es decir, usar todas las partes del puerco. Después del fracaso en la comida italiana, el chef se fue a investigar la cocina española a Barcelona, lugar donde encontró la inspiración que hasta ahora lo ha llevado a ser no sólo chef sino dueño tanto de Bar Raval como de Bar Isabel, este segundo abierto desde hace un par de años e igual de exitoso que Raval pero sin el mismo carisma.

Bar Raval es eso, un bar de tapas finas y tragos caros cuya virtud principal, en mi opinión, es que va gente de todo tipo, abre a las 8 am y cierra a las 2 am, se puede ir a desayunar un pincho de tortilla española y un café, después hacer la transición a una copa de vino blanco catalán y un pincho llamado stracciatela de boquerones con mozarella de buffala aceite de oliva con ajo -riquísimo-, y finalmente quedarse ahí horas y más horas con más vino, más comida y quizá nuevos amigos. La una es el mejor momento para llegar, pues el lugar no está lleno, aún se pueden encontrar bancos disponibles para sentarse en la barra o alrededor de los barriles que hacen de mesas. Presiento que en la Ciudad de México hemos visto lugares así de toda la vida, pero aquí el sabor español es lo más in del momento. Vincenza y yo nos adentramos en una conversación apasionada sobre lo que es ser canadiense. Ni ella lo sabe, a pesar de ser técnicamente canadiense de segunda generación. Me pone un ejemplo que me deja pensando: si estamos yo Vincenza, me explica, y una mujer de tez blanca, pongámosle Jackie, en una entrevista, y nos preguntan de dónde somos y las dos respondemos de Canadá, Jackie invariablemente se pondrá nerviosa, la quijada se le empezará a contorsionar y finalmente me dirá ¿pero tú eres italiana no?; porque a pesar de que en realidad también soy inglesa, físicamente heredé el color olivo de mi padre y no la palidez de mi madre, que me haría parecer auténticamente Canadian. –Pero si todos los que vivimos aquí somos de todas partes del mundo, le digo. –Pues sí, me responde, pero creo que todos sólo venimos a explotar la naturaleza y con suerte de aquí irnos a los Estados Unidos. No entiendo muy bien su argumento ni la relación entre el color de piel y la falta de orgullo patriótico. Las dos nos quedamos calladas, entre deprimidas, pensativas y culposas. El lugar se está llenando de gente de todo tipo y decidimos ordenar otra botella de vino blanco y una orden de queso Garoxta antes de perder la intención primera que nos trajo aquí, celebrar nuestra amistad y pasar un rato relajado.

 

P. Rivera

 

 

cronica 2 ilustracion pp

Deja un comentario